Los republicanos disparaban contra la tropa desde la esquina de la calle de Peregrinos y la tropa disparaba contra los republicanos desde la Puerta del
Sol, de modo y forma que las balas de una y otra procedencia pasaban por delante de las ventanas del referido piso bajo, si ya no era que iban a dar en los hierros de sus rejas, haciéndoles vibrar con estridentes ruidos e hiriendo de rechazo persianas, maderas y cristales.
Pedro Antonio de Alarcón
La diferencia que se encuentra entre estas tres especies de hombres procede de la diferencia de sus principios: el sexo masculino está producido por el Sol, el femenino por la Tierra y el compuesto de los otros dos por la Luna, que participa de la Tierra y del Sol.
Como cuando en las abovedadas colmenas las abejas alimentan a los zánganos, siempre ocupados en miserables tareas –aquéllas durante todo el día hasta la puesta del sol diariamente se afanan y hacen blancos panales de miel, mientras ellos aguardando dentro, en los recubiertos panales, recogen en su vientre el esfuerzo ajeno-, así también desgracia para los hombres mortales hizo Zeus altitonante a las mujeres, siempre ocupadas en perniciosas tareas.
Es un poderoso día de verano en Misiones, con todo el
sol, el calor y la calma que puede deparar la estación. La naturaleza plenamente abierta, se siente satisfecha de sí.
Horacio Quiroga
Hasta que, ya vestidos, se iban a tomar café bajo las palmeras en tanto que la mujercita continuaba durmiendo como una piedra, hasta que el
sol en la cara la despertaba.
Horacio Quiroga
¡Si supierais con qué afanes los he ganado! ¡Todo un verano segando bajo el fuego del
sol!... ¡Todo un verano lejos de mi pueblo, de mi mujer y de mis hijos!
Pedro Antonio de Alarcón
El General, que mandaba el cuadro, y que tanto me conocía por mi comportamiento de la víspera, me preguntó: --Pues qué, ¿es músico? Aquella palabra fué para mí lo que sería para un viejo ciego de nacimiento ver de pronto el
sol en toda su refulgencia.
Pedro Antonio de Alarcón
Como las fieras amaestradas, los perros conocen el menor indicio de borrachera en su amo. Alejáronse con lentitud a echarse de nuevo al sol.
¿Y a qué tenemos miedo? ¿Al cocón? ¿Qué va a pasar a las diez de la mañana, con este
sol de gloria? ¿Por qué no vienes también a Proenza?
Emilia Pardo Bazán
Caía el
sol, y el cura, al transponer las últimas casas de Cebre, sintió que el corazón se le apretaba, y refrenó la yegua, mirando receloso alrededor.
Emilia Pardo Bazán
«Lo que tengo es frío -repetía-, mucho frío, querida; la nieve de tantos años cuajada ya en las venas. Te he buscado como se busca el
sol; me arrimo a ti como si me arrimase a la llama bienhechora en mitad del invierno.
Emilia Pardo Bazán
La naturaleza estaba vacía y solemnemente muda; ni un soplo de aire agitaba las hojas; el mismo regato, tan cantador y vivo, los pardillos y gorriones inquietos, dijérase que callaban y se adormían inmóviles. Allá, a lo lejos, un jirón de niebla, deshilachado suavemente por el
sol, flotaba, engarzándose en los riscos de Penamoura.
Emilia Pardo Bazán