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Escrito: En Londres, por C. Marx el 25 de julio de 1867.
Primera edición: En el libro: Karl Marx, Das Kapital. Kritik der politischen Oekonomie, Erster Band, Hamburg, 1867.
Digitalización y Edición Electrónica: Ediciones Bandera Roja.
Esta Edición: Marxists Internet Archive, 2003.
El trabajo, cuyo primer tomo propongo al p�blico, es la continuaci�n de la Contribuci�n a la cr�tica de la Econom�a pol�tica, publicada por m� en 1859. El largo intervalo transcurrido entre el comienzo y la continuaci�n me ha sido impuesto por una enfermedad de muchos a�os que ha interrumpido la labor repetidas veces.
El contenido de la obra primitiva est� resumido en el primer cap�tulo de este tomo[2]. Y al hacerlo as�, no se ha atendido s�lo a conseguir que sean m�s coherentes y completas las ideas, sino que se ha mejorado la exposici�n. En la medida en que la materia lo ha permitido, se han desarrollado aqu� puntos que antes apenas se esbozaron, mientras que otros, ampliamente desarrollados all�, aqu� simplemente se enuncian. Los cap�tulos sobre la historia de la teor�a del valor y de la teor�a del dinero, por supuesto, han sido omitidos del todo. En cambio, el lector del trabajo anterior encontrar� en las notas del primer cap�tulo referencias a nuevas fuentes para el estudio de la historia de estas teor�as.
El principio siempre es duro; esto vale para todas las ciencias. Por eso, la m�xima dificultad la constituir� la comprensi�n del primer cap�tulo, en particular, los p�rrafos referentes al an�lisis de la mercanc�a. En cuanto a lo que toca especialmente al an�lisis de la sustancia del valor y de la magnitud del valor he procurado,
en la medida de lo posible, exponerlo en forma popular[*] . La forma valor, que llega a su pleno desarrollo en la forma dinero, es muy simple y de poco contenido. No obstante, la inteligencia humana se ha dedicado a investigarla durante m�s de 2.000 a�os, sin resultado, mientras que otras formas m�s complejas y de contenido mucho m�s rico han sido analizadas, por lo menos aproximadamente, con resultado positivo. Y esto, �por qu�? Porque es m�s f�cil de estudiar el cuerpo organizado que las c�lulas del cuerpo. Adem�s, para analizar las formas econ�micas, no se puede utilizar ni el microscopio ni los reactivos qu�micos. La capacidad de abstracci�n ha de suplir a ambos. Ahora bien: para la sociedad burguesa, la forma mercanc�a del producto del trabajo o la forma valor de la mercanc�a son formas econ�micas celulares. A los esp�ritus poco cultivados les parece que analizar estas formas significa perderse en minucias. Se trata efectivamente de minucias, pero de minucias como las que son objeto de la anatom�a microsc�pica.
Por eso, a excepci�n del cap�tulo sobre la forma valor, nadie podr� acusar a este libro de dif�cil o incomprensible. Me refiero, por supuesto, a lectores que traten de aprender algo nuevo y quieran, por tanto, pensar por s� mismos.
El f�sico, para observar los procesos naturales, o bien lo hace donde se presentan en forma m�s acusada y menos deformada por influencias perturbadoras, o bien, si puede, hace experimentos en condiciones que aseguren el desarrollo del proceso en su forma pura. Lo que me propongo investigar en esta obra es el modo de producci�n capitalista y las relaciones de producci�n y de cambio que le corresponden. El pa�s cl�sico para ello es hasta ahora Inglaterra. De aqu� el que haya tomado de �l los principales hechos que sirven de ilustraci�n a mis conclusiones te�ricas. Si el lector alem�n alza los hombros con gesto de fariseo ante la situaci�n de los trabajadores industriales y agr�colas ingleses o si se tranquiliza con optimismo pensando que en Alemania las cosas no est�n, ni con mucho, tan mal, tendr� que decirle: De te fabula narratur![**]
[*] Esto me ha parecido tanto m�s necesario,
cuanto que incluso el cap�tulo del trabajo de F. Lassalle contra Schulze-Delitzsch en el
que declara explicar la �quinta esencia intelectual� de mi investigaci�n sobre este
tema[3], contiene errores importantes. En
passant (dicho sea de paso), si F. Lassalle ha tomado de mis trabajos, casi
literalmente y hasta con la terminolog�a creada por m�, todas las tesis te�ricas
generales de sus escritos econ�micos (por ejemplo, las tesis sobre el car�cter
hist�rico del capital, sobre la conexi�n entre las relaciones de producci�n y el modo
de producci�n, etc., etc.) y lo ha hecho sin citar las fuentes, ha sido simplemente con
fines de propaganda. Naturalmente, no me refiero a las tesis concretas ni a las
aplicaciones pr�cticas de �stas, con lo que nada tengo que ver.
[**] Contigo va el cuento. Horacio, S�tiras,
libro I, s�tira I. (N. de la Edit.)
No se trata aqu� del grado de desarrollo, m�s alto o m�s bajo, que alcanzan los antagonismos sociales engendrados por las leyes naturales de la producci�n capitalista. Se trata de las leyes mismas, de las tendencias mismas que act�an y se imponen con una necesidad f�rrea. El pa�s industrialmente m�s desarrollado no hace m�s que mostrar al que es menos desarrollado el cuadro de su propio porvenir.
Pero aparte de esto: en los sitios donde la producci�n capitalista ha tomado por completo carta de naturaleza en nuestro pa�s, por ejemplo, en las f�bricas propiamente dichas, la situaci�n es mucho peor que en Inglaterra, por faltar el contrapeso de la legislaci�n fabril. En todas las esferas restantes, pesa sobre nosotros, como sobre los dem�s pa�ses continentales de la Europa Occidental, no s�lo el desarrollo de la producci�n capitalista, sino su insuficiente desarrollo. Adem�s de las miserias modernas, nos oprime toda una serie de miserias heredadas, procedentes del hecho de seguir vegetando entre nosotros formas de producci�n antiguas y ya caducas que acarrean un conjunto de relaciones sociales y pol�ticas anacr�nicas. No sufrimos s�lo a causa de los vivos, sino a causa de los muertos. Le mort saisit le vif![*]
En comparaci�n con la inglesa, la estad�stica social alemana y del resto de la Europa Occidental continental, es muy pobre. Sin embargo, levanta el velo lo bastante para dejar entrever la cabeza de Medusa. Nos horrorizar�amos de ver nuestra propia situaci�n si nuestros gobiernos y parlamentos designasen peri�dicamente, como en Inglaterra, comisiones de investigaci�n de las condiciones econ�micas; si estas comisiones estuviesen investidas de los mismos poderes que en Inglaterra para descubrir la verdad; si se pudiera encontrar, para cumplir esta misi�n, hombres tan expertos, imparciales y severos como los inspectores del trabajo de Inglaterra, como los m�dicos ingleses que informan sobre la Public Health[**], como los comisarios ingleses que investigan sobre la explotaci�n de la mujer y del ni�o, sobre las condiciones de la vivienda y de la alimentaci�n, etc. Perseo se cubr�a con un casco m�gico para perseguir a los monstruos; nosotros nos colocamos este casco m�gico sobre nuestros ojos y nuestros o�dos para poder negar la existencia de los monstruos.
No hay que hacerse ilusiones. Del mismo modo que la guerra de la Independencia norteamericana del siglo XVIII[4] fue el toque a rebato para la clase media europea, la guerra civil norteamericana del XIX[5] lo ha sido para la clase obrera de Europa. En Inglaterra, el proceso revolucionario se ha hecho palpable. Cuando
[*] �El muerto se agarra al vivo! (N. de
la Edit.)
[**] Sanidad p�blica. (N. de la Edit.)
alcance un determinado nivel debe repercutir en el continente. Y all� revistir� formas m�s brutales o m�s humanas, a tono con el grado de desarrollo de la clase obrera misma. Abstracci�n hecha de m�viles m�s elevados, sus m�s vitales intereses mandan a las clases hoy dominantes eliminar todos los obst�culos para el desarrollo de la clase obrera que pueden ser eliminados por la legislaci�n. Esta es la raz�n por la cual yo me he extendido tanto en este tomo sobre la historia, el contenido y los resultados de la legislaci�n fabril inglesa. Una naci�n debe y puede aprender de otra. Incluso en el caso en que una sociedad haya llegado a descubrir la pista de la ley natural que preside su movimiento —y la finalidad de esta obra es descubrir la ley econ�mica que mueve la sociedad moderna— no puede saltar ni suprimir por decreto sus fases naturales del desarrollo. Pero puede acortar y hacer menos doloroso el parto.
Unas palabras para evitar posibles interpretaciones falsas. A los capitalistas y propietarios de tierra no los he pintado de color de rosa. Pero aqu� se habla de las personas s�lo como personificaci�n de categor�as econ�micas, como portadores de determinadas relaciones e intereses de clase. Mi punto de vista, que enfoca el desarrollo de la formaci�n econ�mica de la sociedad como un proceso hist�rico-natural, puede menos que ning�n otro hacer responsable al individuo de unas relaciones de las cuales socialmente es producto, aunque subjetivamente pueda estar muy por encima de ellas.
En el terreno de la Econom�a pol�tica, la investigaci�n cient�fica libre se encuentra con m�s enemigos que en todos los dem�s campos. La particular naturaleza del material de que se ocupa levanta contra ella y lleva al campo de batalla las pasiones m�s violentas, m�s mezquinas y m�s odiosas que anidan en el pecho humano: las furias del inter�s privado. La alta Iglesia de Inglaterra[6], por ejemplo, perdona antes un ataque contra 38 de sus 39 art�culos de fe que contra 1/39 de sus ingresos monetarios. Hoy en d�a, el mismo ate�smo es una culpa levis[*], comparado con la cr�tica de las tradicionales relaciones de propiedad. Sin embargo, aqu� hay que reconocer la existencia de un paso adelante. Observemos, por ejemplo, el Libro Azul publicado en las �ltimas semanas con el t�tulo Correspondence with Her Majesty's Missions Abroad, regarding Industrial Questions and Trades Unions[7]. Los representantes de la corona de Inglaterra en el extranjero exponen aqu� sin ambages que en Alemania, en Francia, en una palabra, en todos los pa�ses cultos del continente europeo es tan palpable y tan inevitable como en Inglaterra una transformaci�n radical
[*] Un pecado venial. (N. de la Edit.)
de las relaciones entre el capital y el trabajo. Al mismo tiempo, al otro lado del Atl�ntico, el se�or Wade, vicepresidente de los Estados Unidos de Norteam�rica, declaraba en m�tines p�blicos que, abolida la esclavitud, se ha puesto sobre el tapete la transformaci�n de las relaciones de propiedad sobre el capital y la tierra. Son �stos signos de la �poca, que no se dejan encubrir con mantos de p�rpura ni con sotanas negras. No significan que ma�ana se vayan a producir milagros. Indican que en las mismas clases dominantes apunta ya el presentimiento de que la sociedad actual no es ning�n cristal duro, sino un organismo susceptible de transformaci�n y en transformaci�n constante.
El segundo tomo de esta obra tratar� del proceso de circulaci�n del capital (libro II) y de los aspectos del proceso en su conjunto (libro III); y el tercero y �ltimo (libro IV), de la historia de la teor�a.
Bienvenido sea todo juicio cr�tico cient�fico. Contra los prejuicios de la llamada opini�n p�blica, a la que nunca he hecho concesiones, tengo por divisa el lema del gran florentino:
Segui il tuo corso, e lascia dir le genti![*]
Carlos Marx
Londres, 25 de julio de 1867
| Publicado por vez primera en el libro: Karl Marx. Das Kapital. Kritik der politischen Oekonomie. Erster Band, Hamburg, 1867. |
Se publica de acuerdo con el texto de la cuarta edici�n alemana de 1890. Traducido del alem�n. |
[*] �Sigue tu camino y deja que la gente murmure! (Dante. La divina comedia, El purgatorio, canto V, parafraseado.) (N. de la Edit.)
[1]
El Capital es una obra genial del marxismo. Marx dedic� los cuarenta a�os �ltimos de su vida a su trabajo principal (iniciado en los a�os 40).Marx comenz� el estudio sistem�tico de la Econom�a pol�tica a fines de 1843, en Par�s. Sus primeras investigaciones en este dominio hallaron reflejo en las obras Manuscritos econ�micos y filos�ficos de 1844, La ideolog�a alemana, Miseria de la Filosof�a, Trabajo asalariado y capital, Manifiesto del Partido Comunista, etc.
Despu�s de cierto intervalo, debido a la revoluci�n de 1848-1849, Marx pudo proseguir sus investigaciones econ�micas s�lo en Londres, capital a la que tuvo que emigrar en agosto de 1849.
En el per�odo de 1857-1858, Marx redacta un manuscrito de 50 pliegos de imprenta, algo as� como borrador de esbozo de El Capital. El manuscrito fue publicado por primera vez en 1939-1941 por el Instituto de Marxismo-Leninismo anejo al CC del PCUS en alem�n bajo el t�tulo de Grundrisse der Kritik der politischen Oekonomie (�Rasgos fundamentales de la cr�tica de la Econom�a pol�tica�). Al propio tiempo, Marx hace el primer esbozo del plan de toda la obra, al que detalla en los meses sucesivos y adopta en abril de 1858 el acuerdo de exponer todo el trabajo en 6 libros. Sin embargo, pronto Marx decide comenzar la edici�n de la obra por partes, en fasc�culos sueltos.
En 1858 comienza a redactar el primer fasc�culo, denomin�ndolo Contribuci�n a la cr�tica de la Econom�a pol�tica. El libro sali� en 1859.
En el curso del trabajo, Marx cambi� el plan inicial de su obra. El plan de 6 libros fue sustituido por el de 4 tomos de El Capital. En 1863-1865 redacta un nuevo y extenso manuscrito que es precisamente una primera variante detallada de los tres tomos te�ricos de El Capital. S�lo despu�s de estar escrito todo el trabajo (enero de 1866), Marx procede a la revisi�n definitiva del mismo antes de entregarlo a la imprenta, pero, a consejo de Engels, decide no preparar todo el trabajo, sino principalmente, el primer tomo. Marx efect�a esta revisi�n definitiva con mucha escrupulosidad, sometiendo, de hecho, a una nueva redacci�n el primer tomo de El Capital.
Publicado el primer tomo (setiembre de 1867), Marx contin�a redact�ndolo con motivo de la preparaci�n de nuevas ediciones en alem�n y de traducciones en lenguas extranjeras. Introduce numerosas correcciones en la segunda edici�n (1872) y da indicaciones sustanciales con motivo de la edici�n rusa, que sale en Petersburgo en 1872 y es la primera edici�n extranjera de El Capital. Marx somete a una reelaboraci�n y redacci�n considerables la traducci�n francesa, que se publica en fasc�culos en los a�os de 1872 a 1875.
Por otra parte, despu�s de aparecer el primer tomo de El Capital, Marx contin�a trabajando con los tomos siguientes, proponi�ndose terminar pronto toda la obra. Pero no lo consigue. Le quita mucho tiempo su multiforme actividad en el Consejo General de la I Internacional. Se hacen cada vez m�s frecuentes las interrupciones del trabajo debido al mal estado de la salud.
Los dos tomos siguientes de El Capital fueron preparados para la imprenta por Engels despu�s de la muerte de Marx: el segundo, en 1885, y el tercero, en 1894.- 87
[2] Marx se refiere al primer cap�tulo (Mercanc�a y dinero) en la primera edici�n alemana del I tomo de El Capital. En la segunda edici�n y las siguientes de este tomo en alem�n le corresponde la primera secci�n.- 87
[3] Tr�tase del cap�tulo tercero del trabajo de F. Lasalle Herr Bastiat — Schulze von Delitzsch, der �konomische Julian, oder: Capital und Arbeit (�El se�or Bastiat-Schulze von Delitzsch, el Jualiano econ�mico, o: Capital y trabajo�), Berlin, 1864.- 88
[4] La guerra de la Independencia de las colonias norteamericanas de Inglaterra (1775-1783) contra la dominaci�n inglesa debi� su origen a la aspiraci�n de la joven naci�n burguesa norteamericana a la independencia y a la supresi�n de los obst�culos que imped�an el desarrollo del capitalismo. Como resultado de la victoria de los norteamericanos se form� un Estado burgu�s independiente: los Estados Unidos de Am�rica.- 89
[5] La guerra civil de Norteam�rica (1861-1865) se libr� entre los Estados industriales del Norte y los sublevados Estados esclavistas del Sur. La clase obrera se Inglaterra se opuso a la pol�tica de la burgues�a nacional, que apoyaba a los plantadores esclavistas, e impidi� con su acci�n la intervenci�n de Inglaterra en esa contienda.- 89
[6] La alta Iglesia era una corriente de la Iglesia anglicana que ten�a adeptos principalmente entre la aristocracia; manten�a los pomposos ritos antiguos, subrayando la continuidad entre ella y el catolicismo.- 90
[7] Libros Azules (Blue Books), denominaci�n general de las publicaciones de documentos del parlamento ingl�s y de los documentos diplom�ticos del Ministerio del Exterior, debida al color azul de la cubierta. Se editan en Inglaterra a partir del siglo XVII y son la fuente oficial fundamental de datos sobre la historia econ�mica y diplom�tica del pa�s.
En la p�g. 6 tr�tase del Informe de la comisi�n para investigar la acci�n de las leyes referentes al destierro y a los trabajos forzados, t. I, Londres, 1863; en la p�g. 90, de la Correspondencia con las misiones extranjeras de Su Majestad sobre problemas de la industria y las tradeuniones, Londres, 1867.- 90