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Jornada de Túnez

Jornada de Túnez
Guerras habsburgo-otomanas
Parte de guerra hispano-otomana de 1515-1577

La armada ante La Goleta, con Túnez tras el lago.
Fecha 17 de junio-12 de agosto de 1535
Lugar Túnez
Coordenadas 36°48′00″N 10°10′00″E / 36.8, 10.16666667
Resultado Victoria decisiva española y aliada
Cambios territoriales Túnez regresa al control de la Monarquía Hispánica
Beligerantes
Imperio español
Imperio portugués
República de Génova
Estados Pontificios
Orden de Malta
Imperio otomano
Reino de Francia
Comandantes
Carlos I de España
Alfonso de Ávalos
Álvaro de Bazán el Viejo
Fernando Álvarez de Toledo
Andrea Doria
Luis de Avis
Jeireddín Barbarroja
Hasán Agá
Sinan el Judío
Salah Reis
Aydin Reis  (M.P.H.)
Fuerzas en combate
Fuerzas navales:
• 100 galeras y fustas
• 300 naves de vela
Fuerzas terrestres
• 27 000 infantes (10 000 españoles, 8000 italianos, 8000 alemanes y 700 Caballeros de San Juan)[1]
• 2000 jinetes
Fuerzas navales:
• 80-100 galeras y fustas[2]
• 2 naos
Fuerzas terrestres
• 150.000 soldados[3]
• 30.000 jinetes[3]
Bajas
Desconocidas Más de 100 naves capturadas[4]
30 000 civiles muertos[1]
9000 cautivos cristianos liberados[1]

La Jornada de Túnez, llamada Jornada de Carlos V a Túnez por Gonzalo de Illescas,[5] es el nombre dado en las fuentes la expedición efectuada por el rey Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico en junio de 1535, por la cual restableció la influencia de la Monarquía Hispánica sobre Túnez, que había sido tomada por el corsario otomano Jeireddín Barbarroja en agosto de 1534.

Fue una de las operaciones anfibias más grandes de todo el siglo XVI; el historiador Henry Kamen la considera la expedición más ambiciosa organizada por naciones cristianas hasta el momento en toda la historia del Mediterráneo oeste.[6][7] Fue un despliegue logístico sin precedentes debido a sus dimensiones, complejidad y relativa rapidez, en el que se utilizaron varias clases de navíos, técnicas de asedio y la intervención de los recientemente creados tercios.[6][8] Debido a este y otros éxitos, Carlos fundó dos años después la infantería de marina española, que continúa siendo la más vieja aún en actividad.[8]

La jornada destruyó la gran base naval que los otomanos habían montado en el Mediterráneo oeste, dejándoles únicamente con fuerzas suficientes para continuar con los saqueos civiles y la caza de esclavos habitual en la piratería berberisca.[9] Sin embargo, la expedición no logró capturar a Barbarroja, que crecería en su papel como gran almirante turco. Túnez permanecería en manos hispánicas hasta ser capturada por los otomanos en 1569.

Antecedentes

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A finales de 1534 el Mediterráneo Occidental estaba amenazado por la flota del almirante otomano Barbarroja. El precio de los seguros marítimos se disparó, las ciudades costeras actualizaron sus defensas y pueblos enteros fueron abandonados. Se construyeron nuevas cadenas para bloquear la entrada a los puertos y más torres de vigilancia. El sur de Italia, bajo la corona española, ya había sufrido un ataque otomano, y hasta Venecia empezó a sentirse amenazada y comenzó a fabricar nuevos barcos, a pesar de la tregua que los venecianos mantenían con los otomanas desde que se firmara treinta años antes con el sultán Beyazid II. El mismo año, con una flota de un centenar de galeras turcas, Barbarroja se apoderó de Túnez, deponiendo a Bey háfsida Muley Hasán, vasallo de España.

El emperador Carlos fue consciente de que todos los mares de España e Italia se verían amenazadas si Barbarroja se asentaba permanentemente en Túnez y convertía la región en un enclave leal al sultán Solimán el Magnífico, que además contaría con el apoyo del rey Francisco I de Francia para operar desde sus puertos europeos.[10] Por ello, sabedor de que sólo él tenía el poder para organizar la respuesta, en mayo de aquel año envió al espía genovés Luigi de Presenda para contactar a Muley Hasán, convocó cortes en Madrid para solicitar subsidios y mandó fortiicar las puertos virreinales de Nápoles y Sicilia. Así mismo movilizó a sus principales almirantes, Andrea Doria, líder de la república de Génova, y Álvaro de Bazán el Viejo, general de las galeras de España, y por medio de Doria solicitó además ayuda a los Estados Pontificios y a la Orden de Malta para formar una liga. El papa Paulo III dio su bendición, aunque no logró atraer a Francisco I a la alianza.[11]

Presenda fue delatado por un contacto morisco y fue capturado, pero el genovés logró confundir a Barbarroja convenciéndole de que las fuerzas hispanoimperiales eran escasas y nunca podrían enviar contra él más de 150 naves.[12] En todo caso, alertado por los franceses de que la armada iba contra él, Barbarroja dio orden de comenzar a fortificar Túnez y reunir allí toda clase de fuerzas musulmanas.[13] Entre tanto el emperador ordenaba reunir en secreto grandes masas de tropas y naves de España, Italia y el Sacro Imperio Romano Germánico, incluyendo los recién creados tercios bajo el mando de Alfonso de Ávalos y Antonio de Leyva. A la alianza se sumó además Juan III de Portugal, cuñado del emperador, que envió al infante Luis. Durante meses, escuadras católicas se fueron concentrando en Barcelona a la espera de la partida.[14]

Fuerzas enfrentadas

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Armada cristiana

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Mapa del Mediterráneo Occidental. La flota aliada se reúne en Barcelona

Durante todo el invierno Carlos I reunió la expedición marítima a Túnez. En Génova y Barcelona los barcos se cargaron de galletas, agua, pólvora, caballos, cañones y arcabuces. Reunió hombres y barcos de todo su imperio, incluyendo soldados y marinos desde diversos puntos de recogida costeros España, Alemania e Italia, además de galeotes protestantes traídos desde Amberes. La campaña fue en gran medida financiada por el oro conseguido por Francisco Pizarro tras el derrocamiento del emperador inca Atahualpa, traído por los galeones América para "la causa sagrada de la guerra contra el Turco, Lutero y otros enemigos de la fe" en una cantidad cuyo valor ascendió a 1.200.000 ducados.[15] Como almirante de la flota nombró a Andrea Doria, y como general de las tropas terrestres a Alfonso de Ávalos, marqués del Vasto.[16]

Otros destacados militares que incluía la armada eran Álvaro de Bazán el Viejo, capitán de las galeras españolas, además de Luis Hurtado de Mendoza, marqués de Mondéjar, junto con su hermano, Bernardino de Mendoza, así como un joven Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba. Los capitanes de los itálicos eran Fadrique de Carreto, Agostino Spínola y Girolamo Tutavilla, conde de Sarno, mientras que el de los alemanes era Maximilian Eberstain. Entre los españoles había veteranos como Francisco Sarmiento y Rodrigo de Ripalda.[17]

Según las fuentes, en la flota iban 25.000 combatientes oficiales, entre los cuales había 13.000 españoles, 5.000 italianos y 7.000-8.000 alemanes, además de 700 caballeros de Malta.[17] Duro da además 2.000 portugueses.[18] Así mismo, Martín García Cereceda, presente en la expedición, habla de 32.000 aventuereros a sueldo y 20.000 voluntarios.[19] Salvando posibles exageraciones, pero contando los marineros, los aventureros, los señores invitados y los miembros de los diversos séquitos, sin contar varios miles de damas o enamoradas que resultaron hallarse en los buques contra toda prohibición real, Duro calcula que probablemente la flota pasaba de 54.000 hombres y 2.000 caballos en total.[3]

En cuanto a los buques, la armada reunió las escuadras española, genovesa y portuguesa, a la que se sumaron naves flamencas, y en último lugar las napolitanas y sicilianas traídas por Ávalos. En la flota había tanto naves de remo, entre las que había galeras, galeotas y fustas, como naves de vela, hallándose entre estas las naos, los galeones, las carracas y las urcas. Sandoval afirma que habían aproximadamente 80 naves de remo y 250 de vela, aunque recoge una fuente que da 145 y 275 respectivamente, sin contar ninguno de ellos embarcaciones de aventureros y agregados menores.[17] Un número similar da el testigo Cereceda, afirmando que en total eran 412 cascos, sin contar embarcaciones muy menores.[19] Duro postula alrededor de 100 de remo y 300 de vela.[20] Se componía de las siguientes divisiones:

  • La marina genovesa de Andrea Doria, gran almirante imperial y también capitán general de la jornada, con 19 galeras. Incluían éstas la galera real del emperador, la Capitana o Bastarda, un cuatrirreme ricamente decorado de veintiséis bancos.[14][21] Con él iban cinco galeras más de Antonio Doria y nueve de otros ciudadanos de la república.[17] También venía con ellos gran galeón fuertemente artillado, capitaneado por Franco Doria, que servía como buque insignia de las naves de vela.[16]
  • La armada española reunida por Álvaro de Bazán el Viejo, con 15 galeras y multitud de carabelas, galeoncetes y transportes.[14] Entre ellas había 80 naos gruesas fletadas en Málaga y encabezadas por una nao gigante apodada la Capitana, de seis gavias y que servía de barco hospital, además de 42 naos de la escuadra del Cantábrico llegadas desde Vizcaya.[22]
  • La armada portuguesa, con el famoso galeón São João Baptista o Botafogo, una nao y 20 carabelas,[21] comandada por el Infante Luis de Avis, hermano de la emperatriz. Entre sus militares estaba João de Castro.
  • Las escuadra de Sicilia de Berenguer de Requesens, con 10 galeras. También era de Sicilia el corsario Guglielmo Bellomo con un galeón muy artillado.[23]
  • La escuadra de Nápoles, con seis galeras comandadas por García Álvarez de Toledo y Osorio.
  • La flota de los Países Bajos de los Habsburgo con 60 urcas y naos flamencas.
  • La Orden de Malta bajo Aurelio Botigela, prior de Pisa, con cuatro galeras. La gran carraca de la orden, la Santa Anna, llegó separadamente a Túnez el 17 de junio como parte de una flotilla siciliana.[24]
  • La escuadra de los Estados Pontificios con doce galeras capitaneadas por Virginio Orsini, conde de Anguillara.
  • El principado de Mónaco con dos galeras.

La disciplina y moral se mantuvieron altas en la armada en todo momento, hasta el punto de que según Sandoval, "era cosa notable ver un ejército de tantas y tan diferentes gentes, y tan conformes, que no hubo desmán ni pendencia de consideración entre ellos".[24]

Ejército otomano

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Tropas otomanas en la conquista de Túnez, 1535.

Barbarroja había preparado Túnez para la batalla, poniendo a 9.000 cristianos cautivos y multitudes de moros locales para levantar fortificaciones en toda el área de la urbe tunecina y la fortaleza portuaria de La Goleta. De acuerdo con las fuentes, inicialmente pensó en desplegar toda su flota, pretendiendo o vencer en el mar o escapar aun a costa de perder Túnez. Sin embargo, decidió al fin concentrar sus fuerzas en tierra, desconfiado de la lealtad de los tunecinos si embarcaba sus tropas. Para ello, dejó casi toda su flota, compuesta por más de un centenar de galeras y fustas, en el interior del lago de Túnez, detrás de La Goleta, y sacó de los buques todas las piezas de artillería y montándolas en las defensas terrestres, sólo dejando fuera quince galeras armadas. Llamó refuerzos de Argel, de Djerba, de Tremecén y de Constantinopla, y contrató a mercenarios de toda la región.[13]

Entre sus capitanes se hallaban Hasán Aga, Sinán el Judío, Salih Reis y Aydin "Cachidiablo", además del jefe de jenízaros Jafar Aga y el jefe de los renegados cristianos Mustafá Cordobés, entendido en las propias tácticas españolas.[25][26] Sus tropas más señaladas eran 8.000 turcos, 800 de ellos jenízaros, y tropas tunecinas consistentes en 7.000 lanceros, 8.000 arqueros equipados con flechas envenenadas y barbadas y 8.000 jinetes que montaban con similar equipo y tácticas a la antigua caballería númida. El tamaño total de su ejército es desconocido, pero según documentos capturados al secretario de Barbarroja, a mediados de julio disponía de hasta 150.000 hombres y 30.000 caballos nutriéndose de mercenarios y milicias. Según las crónicas, sus combatientes eran azuzados por morabitos y mujeres santas locales que animaban su fervor religioso, asegurando que estaban protegidos contra las balas enemigas. También se reclutó a mujeres, viudas de soldados caídos, con el fin de vengarlos o caer como ellos.[27]

La operación

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Travesía

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Combate entre un barco español y uno otomano durante la jornada.

Buena parte del contingente, donde se encontraba el emperador, zarpó de Barcelona el 30 de mayo de 1535, arribando a Mahón, en Menorca, el 3 de junio. Por otro lado, otra flota partió de Génova, y recorrió la costa de Italia hacia el sur recogiendo los navíos del papa en Civitavecchia y también los de Nápoles, donde el Virrey Pedro Álvarez de Toledo, marqués de Villafranca, y los príncipes de Salerno y Bisignano, Espineto, Garrufa y Hernando de Alarcón tenían preparadas sendas galeras armadas a su costa, y otras siete, a costa de todo el reino. Días después la flota se reunió en Palermo, en la costa de Sicilia, y se encontraron con la flota que venía de Barcelona en Cagliari, en el sur de Cerdeña.

El 12 de junio llegó a Cagliari una nave de cristianos fugados de Túnez, que informaron de los últimos acontecimientos y trabajos de Barbarroja en Túnez, por lo que el emperador ordenó partir sin más dilación, antes de que el almirante turco pudiera decidir escapar por mar. La expedición partió hacia África el día 14, marchando la flota en formación ordenada. La división portuguesa iba en vanguardia, seguida por el emperador y Doria comandando desde el centro del cuadro con el grueso de buques, y Bazán el Viejo cubría la retaguardia con las galeras de España. Hallándose a poca distancia, avistaron tierra africana en veinte horas, recalando en Porto Farina, entre el puerto de Bizerta y las ruinas de Cartago. Tras enviarse parte de las naves vicaínas a reforzar Melilla, de la que se supo que estaba siendo acosada, se apresaron dos naos francesas que venían de informar a Barbarroja de los movimientos de la armada.[28][29]

A 17 se terminó de desembarcar y se acampó cerca de las ruinas, repeliendo a los primeros hostiles de las cercanías y asegurando una torre cercana que contenía pozos de agua.[28] Barbarroja tuvo entonces las primeras noticias del tamaño de la armada y que el propio emperador había venido, por lo que hizo traer a Luigi de Presendes y mandó cortarle la cabeza por haberle engañado con las fuerzas que Carlos podía traer contra él.[26] Tras ello comenzó a llamar a todas las fuerzas disponibles para su defensa, y encerró en la alcazaba de Túnez a los 20.000 prisioneros cristianos de la región por no ejecutarlos para estar más seguro. Su estrategia era la de resistir el máximo tiempo posible esperando que un ejército enemigo tan numeroso se quedase sin suministros y decayera en una tierra tan yerma y calurosa como la de Túnez. Por si era derrotado, sin embargo, sacó del lago catorce galeras para mandarlas a Bona y doce para Argel.[30]

Toma de La Goleta

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La armada disparando contra La Goleta.

Los islámicos escaramucearon con el campamento católico desde el 17, siendo repelidos con grandes bajas, ya que el emperador ordenando que nadie saliera de las defensas ni emprendiera saqueos por la región hasta que no se hubiera reconocido el terreno.[31] Su primer objetivo fue así La Goleta, donde Barbarroja había metido 5.000 soldados, concentrado su artillería y construido una serie de muros para repeler allí a los expedicionarios, además de un puente de madera que cruzaba el canal para un mejor aprovisionamiento. Juan Manrique de Lara, marqués de Aguilar de Campoo, tentó sus defensas con gran riesgo para su galera, y Bazán el Viejo hizo otro tanto por medio de un ardid: se lanzó hacia el puerto moro con su galera perseguido por la flota cristiana, como si sus galeotes se hubieran hecho con el control de la nave y estuvieran huyendo, y así los tunecinos le permitieron atracar e inspeccionar La Goleta, tras lo que Bazán abrió fuego contra ellos y huyó.

El ejército católico puso sitio a La Goleta antes de la mañana siguiente, posicionando ante ella el inmenso São João Baptista con ayuda de dos galeras y bombardando con su artillería para cubrir a los sitiadores por tierra. En las consiguientes escaramuzas participó el propio emperador, ayudando a derrotar todos los ataques moros incluso aunque éstos contaran con una superioridad numérica abrumadora, atacando con infantería, caballería y jinetes de dromedarios, que espantaban los caballos europeos. Los turcos de la fortaleza, liderados por Sinán y Cachidiablo, resistían con ardor, llegando a tomar dos banderas de italianos y españolas en los combates.[32]

El 16 de junio la flota portuguesa bombardeó La Goleta, y sus barcos fueron posicionados con los demás formando un cordón para que ningún buque enemigo pudiera entrar o salir del puerto moro. Al día siguiente los tunecinos realizaron una incursión, llegando a colarse entre dos compañías de italianos, pero fueron rechazados.[33] En una de las siguientes salidas cayó el veterano Girolamo Tutavilla, cuya cabeza enviaron a Barbarroja, antes de que Doria pudiera cubrirles con un bombardeo de las galeras y galeones. El 24 los turcos atacaron de nuevo las líneas católicas e infligieron bajas a pesar de ser repelidos. A pesar de ello, las cristianos estrechaban el sitio día tras día, cavando trincheras progresivamente cercanas.[32] Al día siguiente trajo Alarcón de Italia a varios nobles voluntarios y 40 estradiotes albaneses.[33]

Asalto terrestre en La Goleta.

El día 26, viendo la fortaleza cada vez más próxima a ser tomada, Barbarroja ordenó un ataque general desde La Goleta y Túnez sobre las posiciones cristianas, llevando discretamente artillería ligera desde tierra, protegida por bosquecillos de olivos, y desde barcas llevadas por el lago de Túnez. El campamento católico resistió el ataque, y el emperador ordenó entonces al marqués de Mondéjar con 8.500 hombres a capturar la artillería enemiga, que consiguió con gran esfuerzo, causando grandes bajas en un número de enemigos que parecía infinito según las crónicas. En las orillas se imponían los turcos, pero el emperador en persona les empujó a la cabeza de los refuerzos. La victoria fue tal que un turco ofreció al emperador envenenar a Barbarroja, pero Carlos rechazó la oferta por deshonrosa.[34]

Dos días después sobrevino un temporal tan potente que devastó el campamento cristiano y puso la flota cristiana en gran peligro. Cundió el rumor de que se trataba de una intervención demoníaca, sumiendo el campo en el caos, pero Andrea Doria aprovechó la confusión para hacer correr a su vez el rumor de que La Goleta había caído, lo que tuvo el efecto de devolver la moral inmediatamente. Cuando los tunecinos aprovecharon para arremeter contra las líneas cristianas, fueron rechazados fácilmente, con Jafar Agá cayendo en combate. La tormenta pasó sin que se hubieran perdido más que algunas embarcaciones menores que embarrancaron.[35] A día 29 llegó Muley Hasán para asistir en la reconquista de su dominio, al que el emperador recibió aun hallándose afectado por la gota. Carlos también hacía liberar a prisioneros tunecinos para mostrarles su benevolencia y sus intenciones de liberarles del yugo otomano, aun cuando muchos se negaban a servir a cristianos contra otros musulmanes.[36]

Bombardeo naval contra La Goleta, con el São João Baptista la izquierda.

El último día de junio fue capturada una fusta mora, capitaneada por el morisco que había traicionado a Luigi de Presenda. Como castigo, el emperador lo hizo descuartizar.[37] El 4 de julio, sabiendo que gran parte del campamento cristiano había salido para forrajear, los turcos volvieron a lanzar un ataque masivo, pero los españoles los rechazaron hasta las mismas defensas de La Goleta, donde los turcos eran cada vez menos capaces de responder a los ataques. En el asalto participaron Bazán el Viejo, que salvó su vida por poco tras pasarle cerca un disparo de arcabuz, y Rodrigo de Ripalda, que recibió otro disparo en la cabeza pero escapó igualmente con vida. Barbarroja fue al extremo de ordenar a Sinán que derribase el puente del lago, para así cortar la retirada a los suyos y motivarles a combatir, pero Sinán se negó.[38]

Poco después se pasaron al campo cristiano dos adolescentes amantes de Barbarroja, españoles de origen, y un accionista de origen italiano del corsario turco, todos con alijos de dinero.[38] Tras socorrer Carlos V en persona un bastión el día 11, ordenó preparar el asalto final a La Goleta, que se pospuso al 14 de julio por mal tiempo. El 12, y ante el creciente peligro, Barbarroja envió a Constantinopla al embajador francés en Túnez, haciéndolo escoltar por la flotilla del corsario alejandrino Hasán el Moro.[39]

El día escogido, ayudando a los cañones que disparaban desde tierra, Andrea Doria dirigió un bombardeo masivo desde el mar con las galeras y las naves más artilladas de la flota, con Ávalos y el infante Luis comandando personalmente a los artilleros.[23] Lideraron el cañoneo el São João Baptista, la Santa Anna y el galeón de Franco Doria, cuyos cañones tenían todos mayor alcance que las piezas turcas con que respondían desde La Goleta, mientras que a las galeras las dispuso en grupos de ocho a turnarse en avanzar, descargar su artillería de proa y ciar marcha atrás para apartarse mientras recargaban.[40] El bombardeo fue tan abrumador a las dos horas parte de La Goleta se derrumbó.[23][41] Carlos ordenó el ataque final, y Bazán el Viejo encabezó un ataque con la infantería por las brechas de la fortaleza, entrando el primero y precediendo al resto del campo. La Goleta fue así tomada, con 1400 turcos cayendo en ella, escapando Sinán y otros con botes por el lago hacia la ciudad de Túnez.[23]

Se capturaron 300-500 cañones, muchos claramente procedentes de Francia, y se tomó toda la flota que Barbarroja había dejado en la laguna, más de una cincuentena de naves de remo y casi treinta barcos redondos,[42][43] además de su galera insignia y la que en otros tiempos se capturase a los españoles con la muerte de Rodrigo de Portuondo.[44]

Batalla en tierra

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Carlos V durante la toma de Túnez.

Habiendo perdido La Goleta, Barbarossa organizó su última defensa, concentrando los 150.000 hombres que le quedaban, ejecutando a los posibles partidarios de Muley Hasán y enviando al puerto de Bona los tesoros que deseaba salvar en caso de que la urbe cayera. En el campamento cristiano, muchos opinaban que la base otomano ya no suponía una amenaza sin su flota y su principal puerto, y que tratar de tomar Túnez, ante una superioridad numérica todavía abrumadora y un terreno árido y hostil, suponía arriesgarse a un desastre como el de Luis IX de Francia en 1270. Sin embargo, el emperador no deseaba oír nada de esto, y aunque ofreció licencia a los que quisiera volver a Europa, él, el infante Luis y el duque de Alba convencieron a todos de continuar la campaña hasta el final. El 20 de julio emprendieron la marcha, dejando a Doria al mando del campamento, a Bazán el Viejo de la flota y a los heridos y mujeres en La Goleta.[45]

El ejército, con 23.000 hombres, se dirigió a Túnez en formación. Lo encabezaba un escuadrón de caballería con el mismo emperador, dos escuadrones de españoles veteranos de las guerras de Italia mandados por Ávalos y Fernando de Aragón, el grueso de la artillería arrastrada por lansquenetes y marineros a falta de acémilas, y con los arcabuceros formando mangas a ambos lados de la columna. Tras ellos marchaba Eberstein en formación más ancha, seguido por el bagaje y por el séquito de Muley Hasán, que no deseaba ponerse en peligro, y en último lugar otra compañía de españoles bajo el mando del duque de Alba para ceñir la retaguardia.[46][47] La marcha fue dura debido al calor y por los continuos ataques de los tunecinos, que fueron siempre desbaratadas. Al otro lado de Túnez marchaba en dirección contraria Barbarroja, con una masa de 80.000-125.000 infantes y 20.000-25.000 jinetes, contando 6.000 jenízaros y renegados y 13.000 arcabuceros moros, además de su propia artillería.[48][49]

Los dos ejércitos se encontraron el 21 de julio. El emperador ordenó formar, con los italianos a la izquierda cerca del lago de Túnez, la artillería en medio y los españoles veteranos a la derecha. El tamaño de las fuerzas enemigas intimidaba a muchos, lo que empujó a Manrique de Lara a proclamar "a más moros, más ganancia" y al emperador a dar una gran arenga. Entre tanto, Barbarroja hizo ocupar todos los pozos cercanos, confiando en que la sed debilitase a los contrarios, y formó parte de su caballería al lado del lago, los turcos y renegados de cara a los veteranos españoles y el resto en el medio. Tras un último discurso del emperador, corriendo a caballo ante sus filas, ocupó su posición con los abanderados detrás de la vanguardia y dio la orden de cerrar con el enemigo.[50]

Tropas imperiales en la conquista de Túnez, 1535, Jan Cornelisz Vermeyen.

La batalla comenzó con un intercambio de artillería como era la costumbre. Los cañones de Barbarroja a la izquierda hicieron recular a los italianos y alemanes a la izquierda, por lo que fueron reforzados por algunas compañías de españoles bajo el mando de Ávalos. Mientras tanto, la artillería católica tuvo un efecto fulminante en la gran masa de los islámicos, infligiendo tantas bajas que Barbarroja ordenó dejar de responder al fuego y cargar con todas las fuerzas para vencer o morir, llamando a la caballería turca para flanquear a los hispanoimperiales.[50][51] Sin embargo, fue inútil, ya que los tercios y lansquenetes colapsaron completamente sus filas en la colisión, mientras la caballería del flanco era desbaratada por los arcabuceros de retaguardia del duque de Alba. La contienda terminó en muy poco rato, con el ejército de Barbarroja rompiendo filas y huyendo a Túnez con enormes bajas (Sandoval afirma que milagrosamente no murieron más de 20 cristianos, probablemente una exageración fruto de lo aplastante de la victoria).[50]

Barbarroja alcanzó Túnez, donde reunió los 12.000 fieles que le quedaban y planeó ejecutar a los 20.000 cautivos cristianos de la alcazaba para que no se rebelasen con la presencia del ejército imperial. Aunque Sinán le disuadió de ello, recordando que los cautivos eran propiedad del sultán Solimán, la orden llegó a oídos de dos renegados españoles, de nombre de nacimiento Francisco de Medellín y Vicente de Cataro, que inmediatamente desertaron y organizaron un motín liberando a 6.000 prisioneros. Fallando Barbarroja en ganarse a los amotinados ofreciéndoles libertad y dinero, el almirante turco se vio obligado a abandonar la ciudad de Túnez y huir a Bona.[52][53] Por el camino su séquito fue asaltado por sus propios mercenarios moros, que robaron gran parte de sus tesoros, y perdió a mujeres y niños de su harén a causa de la sed. Aydin Cachidiablo también murió de sus heridas antes de alcanzar el puerto.[52]

Toma de la ciudad

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Llegando a Túnez, y conocidas ya las noticias de la ida de Barbarroja y la revuelta cristiana, el 21 de julio de 1535 Carlos I entró en la ciudad a la cabeza de los tercios, siendo entregadas las llaves por los cautivos. A continuación, tras conceder a Muley Hasán que se esperasen dos horas antes de saquear la ciudad, se entregó la ciudad a los soldados, que mataron 10.000 civiles de todo género y edad en medio de grandes represalias por las durezas pasadas, obligando al emperador a prohibir más muertes antes de que la situación se fuera de las manos por completo. Carlos entregó los prisioneros franceses al embajador de Francia que traía en la expedición, y permitió a Muley Hasán requisar y rescatar todo lo que deseara, que el caudillo moro aprovechó con venalidad.[54] Aunque no quedaba en la ciudad mucho botín que no se hubieran llevado los lugareños, se hicieron y vendieron 20.000 esclavos.[55]

Entrada de Carlos V en Túnez.

Se lamentó la destrucción de la biblioteca de la alcazaba, así como de la perfumería del palacio, que Barbarroja había despilfarrado. También se saqueó la sala de trofeos, que contenía armas de Luis IX y de los españoles caídos en el fiasco de Djerba de 1510, entre las que el duque de Alba encontró las de su padre, García de Toledo, muerto entonces.[54]

Muley Hasán fue repuesto en el trono de Túnez con gran fanfarria, firmando un tratado para reanudar su vasallaje al rey de España, y antes de marcharse Carlos le dirigió un adagio, que Sandoval recoge como: "yo gané este reino derramando la sangre de los míos; tú le has de conservar ganando el corazón de los tuyos; no olvides los beneficios que has recibido, y trabaja por olvidar las injurias que te han hecho."[56] El emperador sacó entonce su ejército de Túnez y acampó cerca en Radès.

Mientras tanto, Doria encomendó a sus parientes Adamo Centurione y Giannettino Doria que con quince galeras asaltasen Bona y arrestasen a Barbarroja. Sin embargo, al llegar y toparse con que el turco había guarnecido bien el puerto y había reunido otras quince galeras, Centurione ordenó regresar sin ni siquiera intentar bloquear el puerto, temiendo ser vencido y no conocer aquel terreno. Para cuando Doria llegó para arreglar el entuerto con cuarenta naves, Barbarroja ya había huido a su vieja base de Argel, con lo que Doria sólo pudo tomar Bona. La noticia del escape del almirante turco hizo estallar la indignación, por lo que al retorno de Doria, Carlos I expresó su deseo de dirigirse a Argel y terminar lo empezado. Sin embargo, debido sobre todo al fin del verano y la llegada del mal tiempo de otoño, no encontró disposición entre sus aliados, así que hubo de descartar la idea.[57]

Tras conquistar y volar los últimos bastiones que habían quedado dispersos, en La Goleta se dejaron cuatro compañías de infantería, con Bernardino de Mendoza, y en Bona otras cuatro compañías de infantería.[58][59] El 12 de agosto la flota se preparó para partir, retrasándose cinco días por un temporal. Carlos tenía la intención de tomar a continuación bastión otomano de Mahdía, donde había mandado a Franco Doria con las naves de Nápoles y Sicilia para reconocer el terreno,[60] pero otra tormenta disgregó el resto de la armada la altura de Sicilia, por lo que Carlos suspendió la operación, que terminaría no llevándose a cabo hasta 1550.[58]

Posterioridad

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El emperador hizo su entrada triunfal en Nápoles con pompa romana. El hecho fue celebrado en Venecia con carnavales, en Malta con fuegos artificiales y en Palma de Mallorca con una recreación de la derrota de Barbarroja. Paulo Jovio le escribió:

Vuestra gloriosa e incomparable victoria en Túnez me parece, por mi fe como cristiano, de una dignidad que sobrepasa con mucho todas las demás de imborrable recuerdo.

En octubre Doria conquistó Bizerta para devolverla al dominio de Muley Hasán. Tras eso vegetó por la costa norteafricana esperando ancontrarse en alta mar con Barbarroja,

En septiembre llevó a cabo el saqueo de Mahón en venganza, esclavizando a 800 cristianos en las Baleares. Andrea Doria acudió tan pronto como lo supo, pero de nuevo Barbarroja había huido ya en dirección a Argel. A finales del mes siguiente Doria recibió órdenes de someter Bizerta, que se había negado a someterse a Muley Hasán, por lo que arribó el 3 de noviembre con una flotilla y ayudó a Muley Hamida, hijo del dirigente tunecino, a rendir la ciudad.[61]

Galería de imágenes

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Referencias

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  1. 1 2 3 Clodfelter, 2017, p. 25.
  2. Fernández Duro, 1851, p. 221.
  3. 1 2 3 Fernández Duro, 1851, p. 224-225.
  4. Fernández Duro, 1851, p. 225.
  5. Gonzalo de Illescas. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. «Jornada de Carlos V a Túnez».
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  9. Mezzogiorno spagnolo: la via napoletana allo stato moderno, Aurelio Musi, pág.10
  10. García Cereceda, 1873, p. 1-2.
  11. Sandoval, 1614, «I».
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  17. 1 2 3 4 Sandoval, 1614, «VIII».
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  23. 1 2 3 4 Sandoval, 1614, «XXXII».
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  33. 1 2 García Cereceda, 1873, p. 28-30.
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  39. García Cereceda, 1873, p. 51-52.
  40. García Cereceda, 1873, p. 47-48.
  41. García Cereceda, 1873, p. 48.
  42. Sandoval, 1614, «XXXIII». Tomóse, también, toda la flota, que dio tanto contento al César como la Goleta, que serían cuarenta y dos galeras en la canal... Hubo más cuarenta y cuatro galeotas, fustas y bergantines, otros navíos redondos veinte y siete, sin otros vasos pequeños de diversas maneras.
  43. García Cereceda, 1873, «Se estimó hallarse por toda quinientas piezas de toda suerte de artillería. Se tomaron treinta y dos galeras reales y veintitrés galeotas y ocho fustas; sin cuatro galeotas y fustas que se quemaron, varadas en tierra.», p. 51.
  44. Sandoval, 1614, «XXXIII».
  45. Sandoval, 1614, «XXXIV-XXXV».
  46. Sandoval, 1614, «XXXVI».
  47. García Cereceda, 1873, p. 56.
  48. Sandoval, 1614, «XXXVII». ...el número era infinito, que según relación de su proprio secretario llegaban a cien mil infantes y veinte y cinco mil caballos; y los que dicen menos, eran ochenta mil infantes y veinte mil caballos.
  49. García Cereceda, 1873, «...dó se halló Barbarroja con ciento é veinte é cinco mil turcos e genízaros e moros y alárabes de a pie y de a caballo. Era cosa muy de ver su mucha artillería.», p. 57.
  50. 1 2 3 Sandoval, 1614, «XXXVII».
  51. García Cereceda, 1873, p. 57-58.
  52. 1 2 Sandoval, 1614, «XXXVIII».
  53. García Cereceda, 1873, p. 59-60.
  54. 1 2 Sandoval, 1614, «XXXIX».
  55. García Cereceda, 1873, p. 61.
  56. Sandoval, 1614, «XLIV».
  57. Sandoval, 1614, «XLIII, XLV».
  58. 1 2 Sandoval, 1614, «XLVI».
  59. García Cereceda, 1873, p. 65.
  60. García Cereceda, 1873, p. 67-69.
  61. García Cereceda, 1873, p. 73-78.

Bibliografía

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  • García Cereceda, Martín (1873). Tratado de las campañas y otros acontecimientos de los ejércitos del emperador Carlos V en Italia, Francia, Austria, Berberia y Grecia desde 1521 hasta 1545 · Tomo 1I. Universidad de Indiana. 
  • Grant, R. G. (2017). 1001 Battles That Changed the Course of History (en inglés). Book Sales. ISBN 9780785835530. 
  • Clodfelter, Micheal (2017). Warfare and Armed Conflicts: A Statistical Encyclopedia of Casualty and Other Figures, 1492-2015 (en inglés). Jefferson, North Carolina: McFarland. ISBN 978-0786474707. 
  • La Marina Cántabra. Antonio Ballesteros-Beretta, editada por la Diputación Provincial de Santander el año 1968. Depósito legal SA 75 - 1968 (Editor Aldus Velarde SA)
  • Fernández Duro, Cesáreo (1895). Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón, tomo I. Madrid: Instituto de Historia Naval. 
  • Kamen, Henry (2004). The Duke of Alba. Yale University Press. ISBN 9780300102833. 
  • Tercios de España. La infantería legendaria. Fernando Martínez Laínez y José María Sánchez de Toca. EDAF. 2006. ISBN 84-414-1847-0
  • de Sandoval, Prudencio (1614). Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V. Biblioteca Nacional de Austria. 

Enlaces externos

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