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Sistema tegumentario

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Sistema tegumentario

Vista esquemática de la piel humana, el órgano principal del sistema tegumentario.
Nombre y clasificación
Latín [TA]: integumentum commune
TA A16.0.00.001
TH H3.12.00.0.00001
TH H3.12.00.0.00001
Estructuras principales
Piel (dermis, epidermis e hipodermis), glándulas exocrinas, faneras (pelo y uñas) y sudor

El sistema tegumentario es el conjunto de órganos que forman la capa más externa del cuerpo de un animal.[1] Comprende la piel y sus apéndices (anexos cutáneos), actuando como una barrera física entre el medio externo y el interno, cuya función es proteger y mantener la homeostasis del organismo.

El sistema tegumentario incluye estructuras como el pelo, las escamas, las plumas, las pezuñas y las uñas. Posee múltiples funciones: contribuye al equilibrio hídrico, protege los tejidos subyacentes, participa en la excreción de desechos, ayuda a regular la temperatura corporal y alberga receptores sensoriales para la percepción de dolor, tacto, presión y temperatura.[2]

Estructura

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Piel

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La piel es uno de los órganos más extensos del cuerpo. En los seres humanos, representa entre el 12 y el 15 % del peso corporal total y cubre una superficie de 1,5 a 2 m².[3]

Modelo tridimensional de las capas del sistema tegumentario.

La piel (tegumento) es un órgano compuesto por al menos dos capas principales de tejido: la epidermis y la dermis.[4] La epidermis es la capa más externa y proporciona la primera barrera frente al entorno. Está separada de la dermis por la membrana basal (lámina basal y lámina reticular). La epidermis contiene melanocitos, responsables del color de la piel. En su capa más profunda se hallan terminaciones nerviosas libres. Por debajo, la dermis comprende dos capas: la papilar (superficial) y la reticular (profunda), y contiene tejido conjuntivo, vasos sanguíneos, glándulas, folículos pilosos, raíces del pelo, terminaciones nerviosas sensitivas y tejido muscular.[5]

Entre el tegumento y la musculatura profunda existe una zona de transición, la hipodermis, formada por tejido conjuntivo y adiposo laxo. Haces de colágeno anclan la dermis a la hipodermis, permitiendo que la mayoría de las áreas cutáneas se deslicen libremente sobre las capas más profundas.[6]

Epidermis

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Micrografía de la epidermis y la dermis de la piel humana.

La epidermis es la capa superficial resistente que actúa como primera línea de defensa. En humanos, es un epitelio escamoso estratificado queratinizado, cuyas capas son (de la más superficial a la más profunda): estrato córneo, estrato granuloso, estrato espinoso y estrato basal. En zonas de piel gruesa (palmas de las manos y plantas de los pies) aparece una capa adicional, el estrato lúcido, entre el estrato córneo y el granuloso. La epidermis se regenera a partir de células madre localizadas en el estrato basal. Carece de irrigación sanguínea y se nutre de la dermis subyacente.[7]

Sus funciones principales son la protección, la absorción de nutrientes y la homeostasis. En ella se distinguen cuatro tipos celulares: queratinocitos (predominantes), melanocitos, células de Merkel y células de Langerhans.

Los queratinocitos producen queratina, una proteína fibrosa que contribuye a la barrera epidérmica de agua mediante la síntesis y secreción de lípidos.[8] La mayor parte de la piel humana está queratinizada, a excepción de las mucosas (como el interior de la boca). Las células no queratinizadas permiten la retención de agua sobre la superficie.

La queratina endurece el tejido epidérmico para formar las uñas. Estas crecen desde la matriz ungueal a una tasa promedio de 1 mm por semana. La lúnula es el área semilunar y más clara en la base de la uña. Solo los primates poseen uñas planas; en otros vertebrados, el extremo de los dedos presenta garras o pezuñas.[4]

En los vertebrados, la epidermis está cubierta por dos tipos de secreciones. En peces y anfibios acuáticos es una fina capa de moco que se renueva constantemente. En los vertebrados terrestres se forma el estrato córneo (células muertas queratinizadas). La epidermis es glandular en todos los vertebrados, pero especialmente en peces y anfibios. Las glándulas epidérmicas multicelulares penetran en la dermis y están rodeadas de capilares sanguíneos que aportan nutrientes y, en el caso de las glándulas endocrinas, transportan sus productos.[9]

Dermis

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La dermis es la capa de tejido conectivo subyacente que sostiene la epidermis. Está formada por tejido conectivo irregular denso y tejido conectivo areolar, con colágeno y elastina dispuestos en haces entrecruzados.

Consta de dos capas: la dermis papilar (superficial) y la dermis reticular (profunda). La capa papilar proyecta papilas dérmicas hacia la epidermis, está ricamente vascularizada y contiene tejido conectivo laxo. La capa reticular está compuesta por tejido conectivo irregular denso y proporciona elasticidad y resistencia a la tracción, combatiendo la flacidez y las arrugas.[5] La dermis aloja terminaciones vasculares y nerviosas, así como cromatóforos y las bases de las estructuras tegumentarias (pelo, plumas, glándulas).[10]

Hipodermis

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La hipodermis o tejido subcutáneo es la capa situada por debajo de la dermis. Se invagina en esta y se une a ella mediante fibras de colágeno y elastina. Está compuesta principalmente por adipocitos, células especializadas en el almacenamiento de grasas, agrupados en lóbulos separados por tejido conectivo.[11]

La hipodermis actúa como reserva energética (los lípidos pueden movilizarse a la circulación venosa durante el ejercicio o la inanición) y contribuye pasivamente a la termorregulación gracias al poder aislante de la grasa.

Funciones

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El sistema tegumentario desempeña múltiples funciones para mantener la homeostasis. La piel es la primera línea de defensa contra infecciones, cambios de temperatura y otras agresiones externas.[12][13]

Sus funciones principales incluyen:

  • Proteger los tejidos y órganos internos.
  • Impedir la invasión de microorganismos.
  • Prevenir la deshidratación.
  • Colaborar en el mantenimiento de la temperatura corporal (homeotermia).
  • Excretar desechos mediante el sudor.
  • Alojar los receptores sensoriales de tacto, presión, dolor, calor y frío (sistema somatosensorial).
  • Proteger frente a las radiaciones solares mediante la melanina.
  • Sintetizar vitamina D a partir de la exposición a la radiación ultravioleta.
  • Almacenar agua, grasa, glucosa y vitamina D.
  • Contribuir a la forma del cuerpo.
  • Regenerar el epitelio a partir del estrato germinativo para reparar lesiones.
  • Actuar como barrera a los rayos UV.
  • Regular la temperatura corporal (sudoración, vasodilatación/vasoconstricción cutánea).
  • Separar y proteger al organismo del medio externo.

En invertebrados pequeños de hábitats acuáticos o permanentemente húmedos, el intercambio de gases (respiración) se realiza a través del tegumento, fenómeno denominado intercambio tegumentario.

Estructuras apendiculares en animales

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Estas estructuras se originan a partir de la epidermis (son continuas con ella) e incluyen los folículos pilosos, las glándulas sebáceas, las glándulas sudoríparas y otras formaciones especializadas (garras, pezuñas).[14]

Los folículos pilosos en caballos y bovinos son simples (un pelo por poro). En perros, gatos, ovejas y cabras son compuestos: un pelo central rodeado de 3 a 15 pelos más pequeños que emergen de un poro común. Los animales con folículos compuestos nacen con folículos simples que se transforman con el desarrollo.[15][16]

El crecimiento del pelo está regulado por la nutrición, las hormonas y el fotoperiodo. La fase de crecimiento es el anágeno; la fase de reposo, telógeno; la transición entre ambas es el catágeno. La mayoría de los animales mudan el pelo a principios de primavera y de otoño en respuesta a cambios de temperatura y fotoperiodo.[16][17]

El tamaño, forma y longitud del pelo están determinados genéticamente, pero pueden modificarse por enfermedades, fármacos, deficiencias nutricionales y factores ambientales. Las hormonas tienen un efecto significativo: la tiroxina inicia el crecimiento y los glucocorticoides lo inhiben.[16]

Las principales funciones del pelo son la protección mecánica, la defensa frente a la radiación ultravioleta y la termorregulación. En climas fríos, el pelo largo y fino atrapa una capa de aire aislante, para lo cual debe estar seco y ser impermeable. En climas cálidos, especialmente en animales grandes, el pelo es más corto y grueso, con menos pelo secundario, lo que facilita la circulación del aire y el enfriamiento. El pelaje también contribuye al camuflaje.[14]

Las glándulas sebáceas son glándulas alveolares holocrinas, simples o ramificadas, que secretan sebo en los folículos pilosos y sobre la superficie epidérmica. Son abundantes cerca de uniones mucocutáneas, espacios interdigitales, nuca, grupa, barbilla y cola; en algunas especies participan en el marcaje olfativo. Por ejemplo, los gatos frotan su cara para depositar sebo con feromonas faciales. El sebo (colesterol, ésteres de colesterol, triglicéridos, ceras diéster y ácidos grasos) mantiene la piel hidratada, lubrica el pelo y posee propiedades antimicrobianas.[16]

Las glándulas sudoríparas (epitriciales y atriquiales) participan en la termorregulación. Las atriquiales solo se encuentran en las almohadillas de los pies. Las epitriciales están ausentes en las almohadillas plantares y en el planum nasale. La evaporación del sudor es el principal mecanismo de enfriamiento en caballos y primates, y en menor medida en cerdos, ovejas y cabras. En perros y gatos, la sudoración es limitada; se termorregulan principalmente mediante el jadeo, el babeo y, en los gatos, extendiendo saliva sobre el pelaje. Los gatos también sudan por las almohadillas plantares, sobre todo cuando están excitados (se observan huellas húmedas).[14][16]

Significación clínica

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Entre las enfermedades y lesiones más frecuentes del sistema tegumentario humano se incluyen:

Referencias

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  1. Camargo, Luis Antonio Pacora (19 de diciembre de 2016). Cáncer, el enemigo oculto. Luis Antonio Pacora Camargo. ISBN 978-612-4200-94-6. Consultado el 4 de julio de 2023.
  2. Chuong, C. M.; Nickoloff, B. J.; Elias, P. M. (2002). «What is the 'true' function of skin?». Experimental Dermatology 11: 159-187. doi:10.1034/j.1600-0625.2002.00112.x.
  3. Martini, Frederic; Nath, Judi L. (2009). Fundamentals of Anatomy & Physiology (8.ª edición). San Francisco: Pearson/Benjamin Cummings. p. 158. ISBN 978-0321505897.
  4. 1 2 Kardong, Kenneth V. (2019). Vertebrates: Comparative Anatomy, Function, Evolution (8.ª edición). New York. pp. 212–214. ISBN 978-1-259-70091-0.
  5. 1 2 «The Ageing Skin – Part 1 – Structure of Skin». pharmaxchange.info. Consultado el 9 de mayo de 2026.
  6. Pratt, Rebecca. «Integument». AnatomyOne. Amirsys, Inc. Archivado desde el original el 20 de octubre de 2013. Consultado el 28 de septiembre de 2012.
  7. Kim, Joyce Y.; Dao, Harry. «Physiology, Integument». StatPearls. StatPearls Publishing.
  8. Yousef, Hani; Alhajj, Mandy; Sharma, Sandeep. «Anatomy, Skin (Integument), Epidermis». StatPearls. StatPearls Publishing.
  9. Quay, Wilbur B. (1 de febrero de 1972). «Integument and the Environment. Glandular Composition, Function, and Evolution». Integrative and Comparative Biology 12 (1): 95-108.
  10. Rene Fester Kratz; Donna Rae Siegfried. Biologie für Dummies. Gasaustausch über das Integument, p. 268f. Weinheim 2011.
  11. McGrath, J.A.; Eady, R.A.; Pope, F.M. (2004). Rook's Textbook of Dermatology (7.ª edición). Blackwell Publishing. pp. 3.1-3.6. ISBN 978-0-632-06429-8.
  12. «Integumentary System». MeSH Browser (National Library of Medicine). Consultado el 16 de septiembre de 2025.
  13. Marieb, Elaine; Hoehn, Katja (2007). Human Anatomy & Physiology (7.ª edición). Pearson Benjamin Cummings. p. 142.
  14. 1 2 3 Dyce, K.M., Sack, W.O. and Wensing, C.J.G. (2002). Textbook of Veterinary Anatomy. 3.ª ed. Philadelphia: Saunders.
  15. Rose E. Raskin, Francisco O. Conrado, Rose E. Raskin, Denny J. Meyer, Katie M. Boes, Canine and Feline Cytopathology - Chapter 3 - Integumentary system (2023) pp. 35-123, ISBN 9780323683685.
  16. 1 2 3 4 5 Susan E. Aiello, Michael A. Moses. The Merck Veterinary Manual (2016) 3325 pp. ISBN 9780911910612, ISBN 978-0911910612.
  17. Tortora G.J & Grabowsky S.R (1994). «Le système tégumentaire». Principes d'anatomie et de physiologie. Éditions de Boeck université, Paris, 2.ª edición francesa.