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Escala de Machismo Sexual

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La Escala de Machismo Sexual (EMS-Sexismo-12) es un instrumento psicométrico desarrollado en 2010 por Cecilia L. Díaz Rodríguez, María A. Rosas Rodríguez y Mónica Teresa González Ramírez, investigadoras de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). Su propósito es evaluar las creencias, actitudes y comportamientos asociados al machismo sexual, entendido como un conjunto de normas tradicionales vinculadas con la masculinidad y el ejercicio de poder dentro de las relaciones de género. [1]

Origen y desarrollo del instrumento

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Año de creación y propósito original

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La Escala de Machismo Sexual (EMS-Sexismo-12) fue desarrollada en México en 2010 por Cecilia L. Díaz Rodríguez, María A. Rosas Rodríguez y Mónica Teresa González Ramírez, de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Su propósito fue contar con un instrumento psicométrico breve que permitiera evaluar, en hombres y mujeres, el nivel de machismo sexual/sexismo presente en creencias, actitudes y comportamientos vinculados a la sexualidad, ante la ausencia de escalas específicas sobre “machismo sexual” en el contexto hispanohablante. [1]

En la versión original se partió de 24 ítems que fueron depurados mediante análisis factorial exploratorio y confirmatorio, hasta obtener una escala unidimensional de 12 ítems con alta consistencia interna, reportándose coeficientes alfa de Cronbach alrededor de .90 en la muestra mexicana de validación. [1]

Contexto cultural

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La EMS-Sexismo-12 surge dentro de investigaciones latinoamericanas sobre género, sexismo y salud sexual, donde el machismo se relaciona con conductas de riesgo, como un menor uso de preservativos y una mayor vulnerabilidad a infecciones de transmisión sexual.[1] A partir de este trabajo inicial en México, el instrumento se ha aplicado y revaluado en distintos países de la región.

En Perú y Chile, Dayana Herrera Salas, Viviana Mamani López, Walter L. Arias Gallegos y Renzo Rivera (2019) analizaron las propiedades psicométricas de la EMS-Sexismo-12 en 303 estudiantes universitarios varones de dos universidades privadas, encontrando una estructura principalmente unidimensional y niveles adecuados de confiabilidad, aunque fue necesario eliminar un ítem para mejorar el ajuste del modelo.[2]

En Colombia, Camilo Andrés Pastrana Quintana, David Javier Fortich Pérez, Jeison David Neira Salas y Eliana Carolina Ortega Mastrodomenico (2024) adaptaron y validaron la escala en una muestra de 678 personas adultas de Cartagena de Indias. Su estudio propuso una versión abreviada de 10 ítems con buenos índices de ajuste en el análisis factorial confirmatorio y coeficientes de fiabilidad superiores a .90, lo que aporta nueva evidencia de validez de la EMS-Sexismo-12 en el contexto del Caribe colombiano.[3]

En Ecuador, la EMS-Sexismo-12 ha sido empleada en investigaciones universitarias, como la tesis de Amada Cesibel Ochoa Pineda, Verónica Alexandra Maita Guaraca, Sheila Beatriz Narváez Dután (2020), que evaluó el machismo sexual y su relación con el nivel de empatía en 250 estudiantes universitarios de Cuenca. Este trabajo muestra la utilidad de la escala para explorar la conexión entre actitudes machistas y variables psicosociales como la empatía en población ecuatoriana.[4]

Fundamento teórico

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El machismo se puede definir como un conjunto de creencias que exaltan la superioridad del hombre sobre la mujer. Esta forma de pensar engloba múltiples dimensiones y facetas de la convivencia humana. [2] El machismo sexual combina tanto elementos del machismo como del sexismo. [3]

“Por ello, sexismo/machismo sexual se encuentra ligado tanto a la extrema intolerancia, rigidez y desajuste mental como a conductas consideradas irrespetuosas, egoístas e irresponsables que pueden llevar a la cosificación de la mujer (Hamel, 2009; Onetto, 2019). Esto afecta directamente al desarrollo y convivencia de la sociedad, desencadenando un sinfín de afecciones negativas, como agresiones físicas, maltratos psicológicos, desigualdades, entre otros (Aparici et al., 2020; Bustillos Chinchón, 2022).” [3]

La escala de machismo sexual EMS-Sexismo-12 tiene como propósito identificar y evaluar la correlación entre las convicciones machistas y la salud sexual. [1]

La conducta sexual de hombres machistas tiene el potencial de exponer a las mujeres a situaciones que comprometen su integridad física y su bienestar. En lo que respecta a actitudes irresponsables y egoístas, estas pueden manifestarse en una negativa hacia los métodos anticonceptivos, como los preservativos. Entre otras consecuencias, las más graves pueden incluir la transmisión de infecciones de transmisión sexual y la concepción de un embarazo no deseado.[1] Otros riesgos para la salud de la mujer pueden resultar del consumo desmedido del alcohol y conductas agresivas, hasta la violencia de género, de parte del hombre machista.[5]

En el contexto latinoamericano, este fenómeno se encuentra intrínsecamente vinculado al contexto social y cultural del machismo, predominante en varios países. Sin embargo, el grado de machismo de una persona también depende de su educación, su entorno y su formación, y puede variar en consecuencia.[1] Así, se fomenta un sistema de discriminación y se justifica la violencia sexual. Por ejemplo, una creencia común es que la “mujer ideal” debe ser pura y su virginidad le da más valor.[6] Por otro lado, se observa una mayor aceptación social cuando hombres tienen varias parejas sexuales. Sin embargo, esta práctica, en combinación con actitudes negativas hacia anticonceptivos aumenta el riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual y propagarlas a la pareja. En caso de llevarse a cabo a mayor escala, se podría experimentar un incremento en los casos de VIH/sida.[1] Además, estudios sobre la masculinidad y la feminidad han mostrado que más polarización de los roles sexuales tiene un efecto negativo a la salud mental.[2]

Estructura y características de la escala

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El instrumento se compone de doce ítems diseñados para evaluar las creencias y actitudes relacionadas con el machismo sexual, entendido como la superioridad masculina y la subordinación femenina dentro del ámbito de la sexualidad y los roles de género. Su estructura se basa en un formato tipo Likert, que permite medir el grado de acuerdo o desacuerdo con afirmaciones que reflejan conductas y pensamientos machistas. En su validación original, Díaz Rodríguez et al. (2010) identificaron una organización interna coherente y altos niveles de consistencia interna, lo que confirmó la fiabilidad del instrumento para cuantificar la expresión del machismo sexual en contextos socioculturales mexicanos.[1]

Propiedades psicométricas

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Los estudios psicométricos realizados en distintos países han confirmado la estabilidad estructural de la EMS-Sexismo-12. En las adaptaciones colombianas, Pastrana Quintana et al. (2024) y Álvarez Merlano & Noreña Correa (2023) reportaron una configuración factorial similar a la versión original, destacando que los ítems se agrupan en torno a un componente principal que refleja actitudes tradicionales de dominancia masculina.[3][5] De igual modo, en Perú y Chile, Herrera Salas et al. (2019) validaron la estructura bifactorial del instrumento, evidenciando una adecuada correlación entre los ítems y un alfa de Cronbach consistente con los valores esperados para escalas de este tipo (0.91)[2] Asimismo, los resultados coinciden con los hallazgos de la versión aplicada en Rodríguez Zorrilla (2022), donde se mantuvo la coherencia interna y la organización factorial observada en los estudios previos.[7]

Correlación con otras escalas

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El análisis comparativo con el Inventario de Sexismo Ambivalente (ASI), realizado por Merlyn et al. (2022), en población ecuatoriana permite contextualizar las dimensiones que aborda la EMS-Sexismo-12, al evidenciar la relación entre las creencias machistas y las manifestaciones del sexismo hostil y sexismo benevolente.[8] En ese sentido, la EMS-Sexismo-12 ofrece una medida empírica del machismo sexual y funciona como un referente teórico y metodológico para el estudio de las actitudes de género en contextos latinoamericanos. Así pues, la aplicación de esta escala demuestra ser útil para analizar las expresiones contemporáneas del machismo, compararlas entre varios entornos socioculturales y visibilizar su persistencia cultural en distintas generaciones.[8]

Contenido de los ítems

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Los ítems abordan creencias cotidianas que revelan la persistencia de esquemas de dominancia masculina. Por ejemplo, algunas afirmaciones expresan ideas como “Sin importar la situación o el estado de ánimo, la mujer debe tener relaciones sexuales cuando su pareja quiera tenerlas”, “Que solamente el hombre tenga sexo antes del matrimonio”, “Que solamente el hombre tenga experiencia sexual”. A partir de estas construcciones, los ítems buscan captar la manera en que las personas legitiman la desigualdad de género desde la esfera sexual, lo que pone en evidencia cómo el machismo se reproduce en el lenguaje y en las expectativas sociales.[1][6] Con todo esto, su estructura refleja que esta herramienta es breve y empíricamente sólida para identificar las expresiones del machismo sexual y del sexismo hostil en poblaciones latinoamericanas.

Adaptaciones, aplicaciones y validaciones en distintos contextos

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La EMS-Sexismo-12 ha sido adaptada y validada en diversos países latinoamericanos, confirmando su aplicabilidad transcultural. En el Caribe colombiano, Pastrana Quintana et al. (2024) desarrollaron una adaptación lingüística y cultural del instrumento, manteniendo sus propiedades de psicometría originales y evidenciando estabilidad factorial. Su estudio incluyó a población adulta de la región y confirmó que la escala conserva su estructura general aun con ajustes culturales.[3] Álvarez Merlano y Noreña Correa (2023) comprobaron su validez en universitarios del Caribe colombiano, mostrando que los ítems funcionan de forma clara y consistente en jóvenes.[5] Mientras que Rodríguez Zorrilla, en una validación con adultos realizada en 2022, reportó consistencia interna satisfactoria y una estructura estable. Este estudio destaca que la escala permite identificar creencias sexistas vinculadas a la sexualidad incluso en contextos urbanos y diversos.[7] Estos resultados respaldan la pertinencia de la escala para explorar cómo el machismo sexual se manifiesta en distintos entornos socioculturales.

En investigaciones con muestras universitarias peruanas y chilenas, Herrera Salas et al. (2019) subrayan su capacidad para detectar la persistencia de creencias machistas en jóvenes, aún en contextos donde los discursos de equidad han ganado relevancia.[2] Los autores señalan que, pese a cambios sociales, muchas ideas tradicionales sobre sexualidad siguen presentes entre estudiantes, lo que muestra la sensibilidad de la escala para captar estas actitudes.[2] Medrano Garcés (2023) analizó las diferencias generacionales en las creencias de machismo sexual en adultos jóvenes y mayores mexicanos, evidenciando variaciones significativas en la interiorización de estereotipos tradicionales.[6] Su trabajo destaca que la EMS-Sexismo-12 permite comparar grupos por edad y observar cómo las creencias machistas cambian entre generaciones.

El estudio de Merlyn et al. (2022) sobre el Inventario de Sexismo Ambivalente (ASI) en población ecuatoriana ofrece un marco de comparación útil, al situar el machismo sexual dentro de un espectro más amplio de actitudes sexistas. Aunque no aplican directamente la EMS-Sexismo-12, sus hallazgos ayudan a contextualizar cómo se expresan distintas formas de sexismo en la región, reforzando la importancia de contar con instrumentos específicos para el ámbito sexual.[8] Por lo tanto, la evidencia experimental sostiene que la EMS-Sexismo-12 es –en definitiva– una herramienta válida y confiable para el análisis de las creencias machistas en Latinoamérica, contribuyendo a la comprensión científica de un fenómeno social y psicológico profundamente arraigado.[2]

La consolidación de la EMS-Sexismo-12 como herramienta de evaluación ha permitido no solo identificar creencias relacionadas con el machismo sexual, sino también comparar cómo estas actitudes se expresan en distintas realidades latinoamericanas. Estudios realizados en México, Colombia, Perú, Chile, Ecuador y Lima Metropolitana muestran que, pese a las diferencias culturales, persisten patrones comunes vinculados a roles de género tradicionales, prácticas de control en la pareja y creencias sobre la sexualidad masculina y femenina.[2][3][5][6][8] Esta convergencia regional refuerza la importancia de contar con instrumentos estandarizados que permitan comprender cómo el machismo sexual sigue influyendo en las relaciones interpersonales y en la toma de decisiones en torno a la sexualidad.

Críticas y limitaciones

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Un análisis psicométrico de la prueba aplicado en universitarios colombianos mostró que, aunque la escala presenta una buena validez de constructo y alta fiabilidad, existen limitaciones metodológicas y conceptuales que deben considerarse. El coeficiente χ²/gl, si bien alcanzó un valor aceptable, no logró el nivel óptimo esperado. Esto podría atribuirse a la sensibilidad de este índice ante desviaciones de la normalidad, pues la muestra presentó respuestas extremas que afectan el supuesto de normalidad multivariada.[5] Dichas respuestas extremas pueden originarse por diversos factores, como la naturaleza sensible del contenido, efectos de deseabilidad social, reactivos demasiado directos, variaciones culturales regionales, ambigüedad o sensibilidad cultural en los ítems, así como el uso de muestras no probabilísticas y relativamente homogéneas.[5]

En el plano conceptual, Merlano y Correa (2023) señalan que la EMS-12 se enfoca exclusivamente en el machismo sexual, dejando fuera otras dimensiones sociales y culturales del fenómeno, como el rol familiar, la autoridad masculina o las dinámicas laborales. Esta focalización restringe su capacidad para captar la naturaleza multidimensional del machismo. Además, su validez aún no es global, los resultados no son generalizables y se requieren estudios más amplios y heterogéneos que permitan confirmar su funcionamiento en poblaciones diversas.[5]

Por su parte, Valadez (2020), en su análisis de las propiedades psicométricas de la escala en el norte de México, recurrió a muestras no probabilísticas, lo cual limita la posibilidad de generalizar los hallazgos a toda la población mexicana. Asimismo, destaca la considerable variabilidad cultural entre regiones de México y Latinoamérica; por ello, un instrumento validado únicamente en ciertos grupos puede no comportarse de la misma manera en contextos distintos. En el estudio realizado en Ciudad Juárez, algunos ítems mostraron sensibilidad cultural, interpretaciones ambiguas o un desempeño diferencial en muestras más amplias. Por lo tanto, resulta indispensable aplicar la escala en otras regiones de México y Latinoamérica, dado que el instrumento aún carece de validez transcultural incluso dentro del propio país.[9]

Referencias

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  1. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 Escala de Machismo Sexual (EMS-Sexismo-12): diseño y análisis de propiedades psicométricas | Summa Psicológica. doi:10.18774/448x.2010.7.121. Consultado el 20 de noviembre de 2025.
  2. 1 2 3 4 5 6 7 8 Salas, Dayana Herrera; López, Viviana Mamani; Gallegos, Walter L. Arias; Rivera, Renzo (31 de diciembre de 2019). «Análisis psicométrico de la Escala de Machismo Sexual en estudiantes universitarios peruanos y chilenos». Revista de Psicología 28 (2). ISSN 0719-0581. doi:10.5354/0719-0581.2019.55806. Consultado el 20 de noviembre de 2025.
  3. 1 2 3 4 5 6 Quintana, Camilo Andrés Pastrana; Pérez, David Javier Fortich; Salas, Jeison David Neira; Mastrodomenico, Eliana Carolina Ortega (26 de diciembre de 2024). «Adaptación de la escala de Machismo Sexual/Sexismo (EMS-Sexismo-12) en una ciudad del Caribe colombiano». Revista Argentina de Ciencias del Comportamiento 16 (4): 107-120. ISSN 1852-4206. doi:10.32348/1852.4206.v16.n4.40140. Consultado el 20 de noviembre de 2025.
  4. Maita Guaraca, Verónica Alexandra; Narváez Dután, Sheila Beatriz (2020). Evaluación del machismo sexual y su relación con el nivel de empatía en estudiantes universitarios. Universidad del Azuay. Consultado el 20 de noviembre de 2025.
  5. 1 2 3 4 5 6 7 Álvarez Merlano, Nicolás Felipe; Noreña Correa, Manuel Fabián (2023). «Análisis psicométrico de la Escala de Machismo Sexual (EMS-12) en universitarios del caribe colombiano». Avances en Psicología 31 (1): 5. ISSN 2708-5007. Consultado el 20 de noviembre de 2025.
  6. 1 2 3 4 Ana Citlali Medrano Garcés (30 de mayo de 2023). «DIFERENCIA EN LAS CREENCIAS DE MACHISMO SEXUAL EN ADULTOS JÓVENES Y ADULTOS MAYORES MEXICANOS».
  7. 1 2 Magaly Lucero Rodriguez Zorrilla (2022). «Escala de machismo sexual (EMS-Sexismo-12): Evidencias psicométricas en adultos de Lima Metropolitana, 2022».
  8. 1 2 3 4 Merlyn Sacoto, Marie-France; Díaz-Mosquera, Elena; Moreta-Herrera, Rodrigo; Merlyn Sacoto, Marie-France; Díaz-Mosquera, Elena; Moreta-Herrera, Rodrigo (2022-06). «Propiedades psicométricas del Inventario de Sexismo Ambivalente (ASI) en población adulta ecuatoriana». Actualidades en Psicología 36 (132): 103-118. ISSN 2215-3535. doi:10.15517/ap.v36i132.47618. Consultado el 20 de noviembre de 2025.
  9. Camacho Valadez, David (1 de septiembre de 2020). «Propiedades psicométricas de la Escala de Machismo Sexual (EMS-Sexismo-12) en una muestra del norte de México». Enseñanza e Investigación en Psicología 2 (3): 424-429. ISSN 2683-2046. doi:10.62364/6ys2ba19. Consultado el 20 de noviembre de 2025.