Si no, el labio estará siempre dispuesto, y dispuesta estará siempre la espada a contestar denuesto con denuesto, a oponer cuchillada a cuchillada.
Ahí estaba Lima incendiada por sus propios hijos; ahí estaba esa ciudad que hasta la víspera lanzaba a los cuatro vientos el denuesto contra sus enemigos, clamando porque entraran y la salvaran de una destrucción más vilipendiosa que el vencimiento y el perdón.
Y así transcurrió el tiempo en medio de alabanzas y elogios, hasta que agotada la enumeración de sus cualidades para que intercediese ante TLALOCTLI y lloviera, ocurriósele al astuto zorro burlón gritar con voz gangosa: -¡Colita pelada! Oír aquel denuesto el tlacuache y saltar al suelo, fue todo uno.
Son tantos los problemas del mundo que tenemos por delante, y las injusticias que faltan por remediar, que no podemos permitirnos la pausa, pero tampoco el desaliento. En la realización de esta noble empresa hemos arrostrado el ataque injusto y superficial, la calumnia y el denuesto.