Marcos Saravia volvió el rostro hacia la iglesia, murmurando entre dientes y como quien reza: «Santiago, patrón de España, no eres santo de
cucaña ni de paja.
Ricardo Palma
-No, señor, que no voy a fincarme en un lugar que güele tanto a marisco, pero es que hoy yo por catorce o quince chuscos sería capaz de subir a una cucaña.
El Cabildo dispuso celebrar la nueva el día siguiente, que era festividad de la Virgen, con árboles de fuego, toros embolados, banquete, misa de gracias,
cucaña, lidia de gallos, luminarias, danza de pallas y de africanos, amén de otros festejos populares.
Ricardo Palma
Las luminarias y candeladas en plazas y calles, los castillos de fuego, las fiestas de toros,
cucaña o palo ensebado, sortijas y alcancías, danzas, comedias y demás regocijos no se ciñeron nunca a programa especial.
Ricardo Palma
Entre tanto, cada día me confirmo más en que he hecho muy bien en permanecer en París mientras se deslinda este negocio, porque así los que no me conocen como los que creen que mi destino es una cucaña, podrían atribuir su mal éxito a torcida intención mía, o cuando menos a negligencia.
La casa se fabricó en 1590, esto es, medio siglo después de la fundación de Lima y cuando los jesuitas acababan de tomar cédula de vecindad en esta tierra de
cucaña.
Ricardo Palma
Extiende sus dominios hasta lo más hondo de los sistemas políticos, porque, una vez afirmada la ley de las mayorías, se convierte, como veremos muy pronto, en una tremenda ficción que permite a unos cuantos encaramarse en la
cucaña del poder, dictar e imponer a un pueblo entero su voluntad omnímoda.
Ricardo Mella
Tu retrato es el León, Conde prudente, Y si a tu imitación, según deseo, Examinan los jefes a su gente, A todos han de dar útil empleo. ¿Por qué no lo han de hacer? ¿Habrá
cucaña Como no hallar ociosos en España?.
Félix María Samaniego
Ya se vé los apodantes son gente de manga ancha y cordon flojo, y los apodados los quieren meter en cintura: á aquellos les gusta vivir de cucaña, y estos quieren reducirlos al pan cotidiano: la defensa es natural; y así ellos se defienden como pueden, y con las armas á que mejor se amañan.
Luego surgen diversos recuerdos chistosos, como el de una receta para cazar leones, publicada en la revista humorística Fliegende Blätter: «Se toma un desierto, se cierne la arena y los leones quedan en el cedazo»; y el de la anécdota de un empleado al que se reprochaba mostrar poco interés en conquistarse el favor de su jefe, y que respondió: «No, también yo he intentado trepar por la
cucaña de la adulación, pero cuando quise hacerlo ya había otra arriba.» Todo este material se nos hace comprensible cuando averiguamos que el día del sueño había recibido la sujeto la visita del jefe de su marido, el cual se mostró muy cortés con ella y le besó la mano.
Sigmund Freud
Tiene su origen en una antigua romería en la Real Parroquia de Santa Ana al menos desde finales el s.XIII. Una de las tradiciones de esta fiesta es la cucaña.
También era frecuente que se practicaran juegos a modo de cucaña, engrasando el tronco y colocando en su cumbre algún objeto digno de deseo.