— Me daría mucho gusto, Cipriano...— exclamó entre sus francas risotadas, mientras guardaba unas hojas escritas por el
borrachín que como siempre: cual pago: Cipriano le daba.
Antonio Domínguez Hidalgo
Vio el
borrachín luces en los altos, sintió algún ruido o murmullo de gente, y confiando hallar allí jarana y moscorrofio, atreviose a subir la escalera de piedra, que es, dicho sea de paso, otra de las curiosidades que el edificio ofrece.
Ricardo Palma
Durante largos meses sólo se habló de fantasmas y aparecidos, pero al cabo se supo que el del cuento era Blas, célebre borrachín, que, harto cargado de mosto, al salir de la taberna había, de un traspié, dado antes de la hora con sus huesos en la sepultura, recién abierta, que le sirvió para dormir tan lindamente la mona...
El hijo se desgarró. Ahora es un
borrachín. A veces, cuando está en curda, asoma la cabeza entre los colchones y le grita al padre, que está cardando lana: -¡Cuando revientes, con tu plata los voy a vestir de colorado a todos los borrachos de Flores!
Roberto Arlt
Yo conocía a aquel sujeto. Pendenciero, borrachín, mala persona, pero valiente y, en sus horas, trabajador de verdad. Llamábase Roque Lanceote.
A este hombre se le ha subido el vino a la cabeza El General ¿Sabéis quién soy yo? El Alcalde ¡Un borrachín! El General ¡Soy vuestro General!
Esto nos trae á la memoria la historieta del alemán
borrachín á quien su mujer rogaba que no consumiese cerveza, y él a ofreció solemnemente que con el último día del año tomaría la última chispa de licor amargo.
Ricardo Palma
Era ésta la costurera única de la aldea; el Manco y ella alimentábanse del producto de la aguja. Y no se atribuya a que el inofensivo borrachín fuera hombre nacido para una eterna holganza.
Aburrido con él su padre, que no era mal hombre, le echó una repasata y lo metió por castigo en un barco de guerra, como quien dice: «anda, mula, piérdete». El capitán del barco era un gringo
borrachín, que le tomó cariño al pilluelo y lo hizo su pajecico de cámara.
Ricardo Palma
¿Dónde había tenido los ojos?... Ahora le parecía imposible que hubiese querido a aquel bruto, sucio y
borrachín. ¡Qué abismo entre él y Visentico!...
Vicente Blasco Ibáñez
Ño Chombo Llescas, como lo llamaba el pueblo, tenía, hasta hace pocos años que murió, pulpería en la esquina de San Francisco, y vendía exquisitas salchichas confeccionadas por Tiburcio, negro
borrachín a quien D.
Ricardo Palma
Y las carcajadas generales eran tanto más de notar, cuanto que el excelente borrachín nada decía que fuera ingenioso o regocijado.